miércoles, 2 de junio de 2010

Ego - ismo

Mira siempre a tu alrededor, nunca sabes cuando algo puede sorprenderte. Esto funciona con la maravilla y la desilusión. Ambas te impresionan, a mi me ha impresionado el egoísmo. “En tiempos donde nadie escucha a nadie, en tiempos donde todos contra todos, en tiempos egoístas y mezquinos, en tiempos donde siempre estamos solos”, extracto de una canción que se me vino a la mente.

Todos somos egoístas, todos tenemos un grado de este actuar o sentir recorriéndonos, nos envuelve, diría que está en la naturaleza humana, desde pequeños adoptamos este actuar, queriendo lo que quiere el otro, no dejando que usen nuestras cosas, que se yo… Pero eso es un comportamiento inmaduro, aun no se toma la conciencia, la idea es que al crecer nos demos cuenta de lo que importa y no actuemos con egoísmo. Está bien velar por nuestro propio bienestar, pero no pasando a llevar a la persona que tenemos al lado.

Me ha sorprendido bastante, me ha desilusionado, me da pena… no porque me afecte personalmente, sino porque me da pena la calidad de gente, de persona, de ser humano, de ser viviente. Me da pena que la sociedad se deteriore tan rápidamente cuando se suponía que venían tiempos de unión.

Yo, yo, yo. Todos somos egoístas, diría que está en la naturaleza humana.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Dulce, encantador y mágico

Y la introducción anuncia el sentir del recuerdo, corren imágenes y sensaciones de antaño, dolores de estómago y ojos cansados.
La voz dulce nos relata una historia ajena y propia, que se volvió propia y terminó ajena.
“Dulce, encantador y mágico, un poco hablador pero simpático, siempre despeinado bajo el árbol”, te retuerce la mente y te mastica los dientes.
Los suspiros de entremedio, las cuerdas vibrando a lo lejos, el sube y baja de los acordes y las lentas pausas, te llevaron a un mundo de antes, de antes. Ese mundo perfecto, ese mundo sin miedos. Te transportaron a un día, a una semanas, a unos meses, donde la ciudad te acurrucaba, donde las sonrisas estallaban. Y los sentires se apoderaron de tu cuerpo, de la espina, las mejillas y las risas, del estómago, los ojos y las manos. Te incendiaron un poco los sesos, las palabras y los besos, esos de antes, de antes.
Y sigue corriendo, te sientes inmersa en una realidad pasada, en un tiempo de antes, de antes. Te desmontaste de este presente inerte y te volaste a antes, antes.
Se te envolvió el cuerpo en frio y en calor, en calor y en frio, en dolor y molestia, en suspiros y siestas, en agrado y alegría, pero a la vez en desagrado e impotencia.
Van y vienen imágenes compuestas, van y vienen realidades opuestas.
“Donde un beso era como un huracán”, te grita esa boca desecha, te grita la boca descompuesta.
Y los ojos te pesan, caen al viento y se cierran, donde la sombra de un pájaro vuela y vuela dejando su huella desierta.
“Hoy quisiera ser mucho mejor” te escala la espalda, te entierra las garras y las hace pesadas, te encorva y te pisa, te escupe y te entierra.
Y las voces de paz te hierven la sien, te la parten en cien y comienza a llover.

sábado, 22 de mayo de 2010

Va y viene como el viento...

Va y viene como el viento, decían sus cabellos cuando avanzaba deslizándose por el suelo. Con el cielo en la cara recorría los árboles que la arrullaban en silencio. Respiraba, se colaban pequeños suspiros en sus pulmones que la hacían brotar como las flores, que la hacían mecerse con las canciones. Los ojos cerrados recordaban pasadas acciones, los viejos cigarros y cansadas traiciones. Antiguas caricias se colaban en sus manos, le recorrían de la espina a las mejillas, de los malestares a los pensares, de las tristezas a los desgastes.
Al acostarse bajo el cielo y acomodarse en el silencio, cerró sus ojos y cayó en un sueño espeso, se vio recorriendo pinturas surrealistas al lado de un viejo compañero, con bloques de mar y blancos arcos de piedra, mientras un caballero inglés paseaba por la arena.
Al regresar se encontró suspendida en un plumón de dudas, en un calor sofocante y con un cerebro desbordante. Cerró los ojos para caer nuevamente y así aliviarse de los malestares, pero regresó más vacilante. Una misteriosa inquietud le revolvió los pensares y se paró sin respirar, se asfixió con los mares y se ahogó con los aires. Se alivió más tarde con la lluvia constante, que caía en sus cabellos y bailaban entre ellos. El vapor le ahuyentó los miedos y las ansias, la dejó serena y calma. Pero al volver a su desierto, áspero y seco, frío y sin peso, le tomaron de la mano las locuras y espantos, los vacíos y los trapos.
Y de nuevo la baña la lluvia, que le congela la espina y las mejillas, que le acurruca los ojos y las costillas, que le aliviana los pensares y las incomodidades, que le diluye la tinta roja y las astillas.

sábado, 8 de mayo de 2010

Gritar sin ruido

Y quizás es mejor quedarse inconsciente, quizás es mejor quedarse ausente. Tapar la boca sin dientes, cerrar los ojos lasos y escribir versos corrientes. Coserse a la espalda unas plumas vehementes, arrancadas de sus sienes. Arrastrarte sobre el suelo caliente, arropándote con el sudor de la frente, revolcándote con la brisa espesa que te eleva incoherente.
Romperte los dedos corriendo sin consuelo, dejando una huella de penas en el cielo, escupirle a éste y derretir los pensares congruentes, absorber los malestares de la gente. Cocinar los cabellos mal peinados, arreglar los agujeros del costado, soplar y soplar bien fuerte las comezones de las piernas y brazos, de la espalda y la frente, de las mejillas y las sienes, de los parpados y los ojos transparentes.
Gritar sin ruido que de pronto se nos ha escapado un niño que jugaba tranquilamente en la calle sin pensar que lloverían electricidades, sin pensar que respiraríamos suciedades. Y cuando el pequeño desapareció, el mundo se transformó y cambio su aroma, color y sabor. Giró distinto, extrañamente recogido, se perdió la inocencia de los ojos dormidos.
Y quizás es mejor quedarse discordante, inexplicable y mal oliente, con los cabellos mirando al cielo y no de frente, con los ojos cerrados sin tener contacto con otros ojos examinadores, ni envolverse en brazos traidores. Quizás es mejor quedarse desaliñado y consecuente, con dolores incipientes y otros de antaño, con cicatrices moldeadas año tras año.
Y quizás es mejor quedarse inconsciente, quizás es mejor quedarse ausente.

domingo, 4 de abril de 2010

Un agosto muy frío

Porque a veces, la vida se vuelve sin sentido si solo respiramos, se vuelve confusa si solo pestañeamos, y cuando gritamos se nos vacían los pulmones y nos deja satisfechos, ya que gastamos ese aire acorralado para dejarlo libre y así continuamos. Así continuamos con los pulmones desechos, con la mente en fuego, porque queremos dejar salir pero se quedan bien adentro, y cuando gritamos, cuando suspiramos, cuando maldecimos y berreamos, se nos sale lo malo y quedamos desechos. Exhaustos, acabados, cansados y tirados, pero satisfechos, nos quitamos ese casco de pensamientos, esos que nos daban vueltas y vueltas en el lecho, esos que nos mareaban en las noches causándonos insomnio, que nos hacia vomitar verbos. Nos hacia soltar los nudos y agotar la yema de los dedos, nos gastaba la vista y nos dejaba sin aliento. Nos quitamos un gran peso, un gran peso. Chau número tres como dice Benedetti, chau número tres, aquí te dejo, “con tu vida, tu trabajo, tu gente, con tus puestas de sol y tus amaneceres”, pero yo no concuerdo con volver y quedar de oyente, no concuerdo con quedarme transparente, no concuerdo y en esto soy irreductible, con quedarme muda cuidándote a lo lejos. Chau número tres para siempre y de esta manera me despellejo y le grito a los vientos esos males que me pudrían por dentro, esos pesares que me hacían caminar lento, me despido de esos pulmones agotados por humo y encierro, me despido de esos ojos estrechos. Adiós compañero de risas y llantos, de canciones y espanto, adiós compañero de sueños e ilusiones, adiós compañero de desilusiones.
Por eso berreamos y gritamos, moqueamos y maldecimos, para después poder chillar si es necesario y quitarse del cuerpo ese agosto tan frío.

viernes, 12 de marzo de 2010

Una gran pena

Me da pena mi tierra, más que nada mi planeta,
me da pena mi gente, ya sea de Chile, Argentina o Francia, Estados Unidos, Alemania o Suecia.
Porque todos pisamos el mismo suelo y respiramos los mismos vientos.
Nos acuesta la misma hermosa luna y nos despierta nuestro gran y radiante sol.
Porque aunque tengamos pieles distintas y hablemos lenguas diversas
nuestro corazón late de igual manera.
Me da pena que nosotros mismos nos definamos como un virus,
Que perdamos la inocencia y arruinemos nuestras vidas.
Tengo pena y ,admito, miedo por no saber que le pasará a nuestros árboles 5 minutos más adelante, tengo pena y, admito, miedo por no saber qué será de nuestros niños en diez años más si no es que en cinco.
Tengo miedo, admito, de no querer despertar en un mundo seco,
Con un cielo gris y espeso,
Admito, tengo miedo de no ser lo suficientemente fuerte para vencer mis miedos.
Tengo pena de mi gente, de esa que la veo de bien lejos, las que están allá, cruzado el océano y de la que está aquí a mi lado, en mi mismo país, en mi misma ciudad, a unos metros de mis ojos.
Tengo miedo de no poder defender y tengo pena de que otros no defiendan,
Tengo pena de esta destrucción masiva, y esta violación a la tierra.
¿Por qué no se usa el poder para mejorar y arreglar, en vez de gastar todo ese tiempo y energía en destruir nuestro hogar?
¿Por qué, los poderosos, prefieren la destrucción a la reconstrucción? ¿Por qué no dejamos nuestros egos y egoísmos, nuestro rencor y nuestro odio a un lado? ¿Por qué no aprovechamos nuestra energía para levantarnos y unirnos como seres humanos? Y no como indio, como americano, ni como mapuche, ni como chileno, ni como blanco, ni negro, ni asiático, ni africano, sino como humanos, como seres vivos, como personas que piensan y razonan, por eso no somos “animales”, porque se supone que al razonar y pensar nos hace superiores, pero les digo, las guerras y destrucciones no nos hace ni los hace mas fuertes ni potentes, los hace mas estúpidos y más salvajes, los convierte en animales.
Tengo pena y es una gran pena, porque me decepcioné y desilusioné de la humanidad y de la mía.

domingo, 28 de febrero de 2010

Cuando la tierra nos remeció el mundo

Cuando la tierra nos remeció el mundo, hizo más que desequilibrarnos el cuerpo, hizo más que lanzarnos gritos desde dentro, hizo más que aferrarnos a los nuestros. Cuando la tierra nos remeció el mundo, nos lanzó esas lágrimas que teníamos incrustadas, esas que se creían ya secas, esas que ya habían sido botadas. Cuando la tierra nos remeció el mundo, nos abrió la mente a un lugar oscuro, a un lugar desierto, casi parecido al que debíamos enfrentar. Esta puerta se abrió de par en par, de un modo violento, con un vaivén, que iba y venía, del ayer y hoy, hoy y ayer y antes de ayer también.
Cuando la tierra nos remeció el mundo, las gargantas se cerraron, los ojos se sellaron, las manos temblaron ante un mal sentimiento, ante un recuerdo ya zurcido en el interior. Se bloqueo la mente, se cerró ante un desconsuelo, ante una respuesta que no podíamos obtener, y cuando la hicimos, como se suponía, no se obtuvo respuesta.
Cuando la tierra nos remeció el mundo, el pánico se hizo parte de nosotros, se nos unió a la sangre y nos recorrió las venas. Cuando la tierra nos remeció el mundo, los pies se nos enterraron bien profundos, dejándonos las alas muertas.
Cuando la tierra nos remeció el mundo, hizo más que desequilibrarnos el cuerpo, nos desequilibró también el alma y el sueño. Nos desveló de los pensares, dejándolos libres por un tiempo. Amarrados cual volantín, que se eleva bien lejos, bien en lo negro, surcando las nubes de espejos, bailando con el viento. Muy tarde después cesaron el vuelo, volviendo maltratados y dolidos al cuerpo.
Cuando la tierra por fin nos dio consuelo, abrimos los ojos opacados por el cielo, este cielo inmenso que nos bañó de oscuro, que nos envolvió en un manto seco. Cuando nos remecía de nuevo, los pensares se revolcaban adentro, tropezándose en el cemento, azotándose como un vaso en el concreto.
Cuando ya cesó por completo y la tierra se acurrucaba para descansar, nuestros pies y mente se recobraron dejando sangrar el miedo, dejando salir el fuego. Cuando ya cesó por completo y la tierra nos acompañaba en el sueño, las imágenes dudosas salían de su encierro.
Cuando en lo claro los suspiros nos recobraban la vida, los ojos se abrieron amaneciendo más a la deriva, con las alas más armadas y las risas más tranquilas. Los abrazos se hicieron más intensos y los cigarros nos cortaban la vista. El viento en los cabellos nos despertaban ante un mundo distinto, no otro, sino el mismo pero distinto.
Cuando la tierra nos remeció el mundo, se escribió en el polvo el fin de la historia que yo construía, se escribió el fin de ese cuento de fantasías, se termino la historia y la vigilia.