Cuando la tierra nos remeció el mundo, hizo más que desequilibrarnos el cuerpo, hizo más que lanzarnos gritos desde dentro, hizo más que aferrarnos a los nuestros. Cuando la tierra nos remeció el mundo, nos lanzó esas lágrimas que teníamos incrustadas, esas que se creían ya secas, esas que ya habían sido botadas. Cuando la tierra nos remeció el mundo, nos abrió la mente a un lugar oscuro, a un lugar desierto, casi parecido al que debíamos enfrentar. Esta puerta se abrió de par en par, de un modo violento, con un vaivén, que iba y venía, del ayer y hoy, hoy y ayer y antes de ayer también.
Cuando la tierra nos remeció el mundo, las gargantas se cerraron, los ojos se sellaron, las manos temblaron ante un mal sentimiento, ante un recuerdo ya zurcido en el interior. Se bloqueo la mente, se cerró ante un desconsuelo, ante una respuesta que no podíamos obtener, y cuando la hicimos, como se suponía, no se obtuvo respuesta.
Cuando la tierra nos remeció el mundo, el pánico se hizo parte de nosotros, se nos unió a la sangre y nos recorrió las venas. Cuando la tierra nos remeció el mundo, los pies se nos enterraron bien profundos, dejándonos las alas muertas.
Cuando la tierra nos remeció el mundo, hizo más que desequilibrarnos el cuerpo, nos desequilibró también el alma y el sueño. Nos desveló de los pensares, dejándolos libres por un tiempo. Amarrados cual volantín, que se eleva bien lejos, bien en lo negro, surcando las nubes de espejos, bailando con el viento. Muy tarde después cesaron el vuelo, volviendo maltratados y dolidos al cuerpo.
Cuando la tierra por fin nos dio consuelo, abrimos los ojos opacados por el cielo, este cielo inmenso que nos bañó de oscuro, que nos envolvió en un manto seco. Cuando nos remecía de nuevo, los pensares se revolcaban adentro, tropezándose en el cemento, azotándose como un vaso en el concreto.
Cuando ya cesó por completo y la tierra se acurrucaba para descansar, nuestros pies y mente se recobraron dejando sangrar el miedo, dejando salir el fuego. Cuando ya cesó por completo y la tierra nos acompañaba en el sueño, las imágenes dudosas salían de su encierro.
Cuando en lo claro los suspiros nos recobraban la vida, los ojos se abrieron amaneciendo más a la deriva, con las alas más armadas y las risas más tranquilas. Los abrazos se hicieron más intensos y los cigarros nos cortaban la vista. El viento en los cabellos nos despertaban ante un mundo distinto, no otro, sino el mismo pero distinto.
Cuando la tierra nos remeció el mundo, se escribió en el polvo el fin de la historia que yo construía, se escribió el fin de ese cuento de fantasías, se termino la historia y la vigilia.
domingo, 28 de febrero de 2010
jueves, 28 de enero de 2010
Piano piano
Y es cuando nos consumimos los unos a los otros, cuando la sangre nos palpita en las venas y cuando los ojos nos gritan condena. Se empieza de a poco, uno por uno, dos por dos y así sucesivamente hasta que te encuentras cantando versos al viento, escupiéndole el humo al suelo y riéndote del tiempo. Cuando los acordes se hacen agudos las estrellas te alargan la noche sin conciliar el sueño, llevándote lejos, muy lejos y es cuando a veces se pone negro el cielo. Y los pensares te llevan al encierro, al destierro, a vivir sin hacerlo y a respirar artificial. Las palabras se te enredan, se contradicen, tu mente se contradice y se nubla, se te nubla la razón y los sentimientos, se paran, como cual reloj que no marca el tiempo, como cual guitarra sin rasgueo, o como cual armónica sin sentimientos. Y los susurros te adormecen el cerebro tratando de alejarte del encierro, pero las ánimas te bailan sin consuelo, te rodean el pelo revoltoso, las pestañas sin consuelo, los dedos perplejos. Y un hormigueo te ensucia la espalda, las piernas, los brazos y los sesos. Las gotas te bañan a su antojo, cayendo a lo lejos pero de adentro, bien adentro porque extrañas, si, aun extrañas, las entrañas de las arañas. Las canciones de los dedos, las risas del pelo, las carcajadas del suelo y los vidrios en el cielo. Los algodones amarillos, rojos y naranjos, las montañas de café y nieve y los cielos rasos. Esos infinitos que te hacían pensar en el mar, en el mar de viento, ese que no tenía un horizonte definido, en el cual querías nadar y nadar para encontrar lo perdido. ¿Cuándo lo perdiste de nuevo? Entonces crees que los rasguños y los cortes son parte de la vida, que la sangre que te envuelve no es más que una fantasía y cuando te apoyas encima sientes un tic – tac con ruido, con piedras que te hacen saltar, con ilusiones que te hacen brotar. Y sales, te pones cara a cara con el sol, esa esfera de fuego que te retuerce los dientes, que te quema la mirada y no te hace ver más nada. Es ahí cuando continuas y caminas hacia él para desaparecer, para borrarte del mapa y escuchar canciones sin palabras. Para caerte en un libro abierto que te absorba y luego se cierra la tapa. ¿Cuándo empezamos a perder la ternura?
Y el silencio te envuelve de gris y te cubre con una manta áspera, esperando y esperando. Esperando y esperando. Y seguir esperando… Hasta que de pronto, un silencio sueña, un silencio otorga y un silencio suena. Una nota corta, una nota espesa, se aliviana de la mente y te vuela la conciencia. Pero sigues ahí en la espera… con la vista en ascuas, con las cejas rectas. Y el susurro, nuevamente el susurro, te rodea el cuello y los hombros, te acaricia la espalda hasta los codos. Te encierra una voz dolida, una voz arisca y herida, una voz, una voz distinta. Y caes consiente de la inconsciencia del momento, rebotas las nubes con tus ojos para adormecerlos del rostro. Y esperas y esperas, y hueles, y sientes, y hueles. Un olor amargo, un olor abstracto, un olor sin contenido, un olor sin sentido. Entonces esperas y esperas, piano piano se va lontano.
Piano piano.
Y el silencio te envuelve de gris y te cubre con una manta áspera, esperando y esperando. Esperando y esperando. Y seguir esperando… Hasta que de pronto, un silencio sueña, un silencio otorga y un silencio suena. Una nota corta, una nota espesa, se aliviana de la mente y te vuela la conciencia. Pero sigues ahí en la espera… con la vista en ascuas, con las cejas rectas. Y el susurro, nuevamente el susurro, te rodea el cuello y los hombros, te acaricia la espalda hasta los codos. Te encierra una voz dolida, una voz arisca y herida, una voz, una voz distinta. Y caes consiente de la inconsciencia del momento, rebotas las nubes con tus ojos para adormecerlos del rostro. Y esperas y esperas, y hueles, y sientes, y hueles. Un olor amargo, un olor abstracto, un olor sin contenido, un olor sin sentido. Entonces esperas y esperas, piano piano se va lontano.
Piano piano.
domingo, 3 de enero de 2010
Lágrimas de cocodrilo
Y es que al momento de sentir es cuando decimos que es real, cuando sentimos y tomamos una actitud nos convencemos de que es verdad, osino no sentiríamos así, entonces hay que confiar y seguir nuestros instintos, tomar una postura y seguir. La vida sigue, continúa, se detiene a veces, pero sigua hasta que para y es cuando se debe entender que como mortales no podemos hacer más nada que quedarnos sin el miedo y continuar.
A veces me cuesta entender el comportamiento humano, a veces me cuesta creer lo que veo, lo que siento. A veces me cuesta entender los acentos. Y siempre me cuesta entender el comportamiento humano, me cuesta digerir la mentira, me cuesta digerir lo falso, me cuesta saber que el resto nos ve la cara de idiotas y no se dan cuenta que hay unos cuantos que se dan cuenta. Y me cuesta entender cómo seguir con ese peso, me cuesta seguir con los pies arrastrados por una condición que ni siquiera es personal, que no tiene que ver con mi esencia, que no tiene que ver conmigo. Me cuesta entender las caretas y verlos salir victoriosos de los engaños. Lagrimas de cocodrilo que ruedan por sus cerebros porque de adentro no se asoma ni un destello. Salen ojos secos que debieran estar húmedos acompañando a los lamentos y lo peor es que se contradice con tus sentimientos, porque no es un ser ajeno, es un ser de dentro, de ti y de mi, de nosotros y ellos, es un ser que te apoya , que te trata de entender o solo asiente, pero es externo. Quizás es mejor un poco lejos, quizás es hora de parar y después seguir viviendo.
A veces me cuesta entender el comportamiento humano, a veces me cuesta creer lo que veo, lo que siento. A veces me cuesta entender los acentos. Y siempre me cuesta entender el comportamiento humano, me cuesta digerir la mentira, me cuesta digerir lo falso, me cuesta saber que el resto nos ve la cara de idiotas y no se dan cuenta que hay unos cuantos que se dan cuenta. Y me cuesta entender cómo seguir con ese peso, me cuesta seguir con los pies arrastrados por una condición que ni siquiera es personal, que no tiene que ver con mi esencia, que no tiene que ver conmigo. Me cuesta entender las caretas y verlos salir victoriosos de los engaños. Lagrimas de cocodrilo que ruedan por sus cerebros porque de adentro no se asoma ni un destello. Salen ojos secos que debieran estar húmedos acompañando a los lamentos y lo peor es que se contradice con tus sentimientos, porque no es un ser ajeno, es un ser de dentro, de ti y de mi, de nosotros y ellos, es un ser que te apoya , que te trata de entender o solo asiente, pero es externo. Quizás es mejor un poco lejos, quizás es hora de parar y después seguir viviendo.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Hasta mañana o pasado
Estoy aprendiendo a dejarte, se coló por mis pensares. Por aquellos que vagan sin sentido ni dirección, que viajan incoherentes dentro de un mar de lágrimas acumuladas, esas que estaban en un saquito, pero que de la nada desatan con torpeza las amarras y no es amargo, pero tampoco es dulce, es agridulce, tiene un poco de ambos. Es quizás acostumbrarse, si, acostumbrarse, tantear el suelo para caminar en desvelo y seguir, seguir simplemente, seguir caminando, para trotar, para correr y luego volar, para alzar el vuelo nuevamente, para ascender y descender a mi antojo, pero para llegar allá lejos que vemos cerca, para nadar por entre los algodones desgarrados y pintarse de acuarelas, para sentir los suspiros de mundo y para respirar los latidos de todos. Y escuchar, detenidamente como la flora se expande, como nos enreda el pelo el aire frio, que nos encoge y recoge, para sentir los pies desnudos sobre el pasto, que nos hace cosquillas y que nos da risas, para palpar con las manos descubiertas e inconexas las lagrimas ajenas, para oír los sentires de antaño y descubrir que hay mas y que vale la pena, literalmente, la vale. Y como muchas cosas lo valen y valieron y aprendimos, gracias a eso. Y ahora aunque suspiremos ni amargo ni dulce, sino ambos, suspiramos y hacemos espacio, nos hacemos espacio y tiempo, ya no corremos aunque muchas veces quisiéramos, pero nos quedamos, no pausados, sino que paramos, para ver, para sentir, oír, degustar, pensar. Y al cerrar los ojos vemos y sentimos, vemos y escuchamos, vemos y disfrutamos, nos sentimos flotando, desconectados del cuerpo, solo la mente, nada más que la mente y contamos, nos concentramos, izquierda ,derecha, izquierda, dos, tres, cuatro, y flotamos cantando, cayendo hacia arriba y subiendo hacia abajo, todo al revés, todo lo contrario. Y después caímos en un sueño eterno hasta mañana o pasado.
martes, 15 de diciembre de 2009
El tiempo pasa
Todo pasa, pasa y se va, pasa y vuelve, pasa y antaño. El tiempo pasa y creemos que queda en el olvido, que queda enterrado ese saquito de lágrimas sucias, pero El tiempo pasa y en un minuto inesperado, ya sea por una melodía, por unas palabras cantadas o por simplemente un suspiro de bien adentro, ese saquito se abre dejando caer una a una esos diamantitos negros, que ahora se aclaran porque pudieron sentir el viento. Y aunque todo pasa, a veces, siempre vuelven y vuelven por una razón. Quizás para despejarse por fin del sufrimiento, para despojarse de esos diamantitos que se estaban pudriendo, para quizás, empezar de nuevo de cero, pero bien de cero. Sea como sea, esa vuelta, ese regreso vino con más ganas, porque vale la pena, literalmente, vale la pena, y ahora si tiene sentido lo que no tiene sentido de mis muchas palabras o sentires que no tienen palabras para expresarse, vale la pena.¡ Y cómo la vale!. Quizás es extraño para muchos sumergirse dentro de un balde de agua fría por meses para salir nuevamente a lo tibio y reencontrarse con el que te empujó a ese balde. Y reencontrarse para entender y comprender, reencontrarse porque bien adentro sabes que no había maldad y bien afuera tampoco. Quizás le resulte extraño a muchos volver a los brazos del “depredador”, pero en este caso nunca lo fue. El tiempo pasa y cómo pasa, el tiempo se estanca a veces, el tiempo se escurre, el tiempo se atrasa y se mantiene. El tiempo pasa y todo pasa, pero vuelve, no siempre, pero a veces y aunque duela un poco, es menor, y aunque duela un poco hay que dolerse, y aunque duela un poco hay que dejarlo.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Lo quizás humano
Llega un punto de quiebre que te hace explotar por lo que crees y piensas, cuando ves en tu frente una acción que no va contigo, que no entiendes y que encuentras inconsecuente. A veces me cuestiono actuares, al parecer, naturales en la gente, ya cotidianos y casi normales, pienso en si yo soy la que estoy mal o son los demás, siempre lo cuestiono pero llego a la conclusión de que, aunque muchos de mis actos no han sido dignos de admirar, sigo con la frente en alto y segura de lo que hago, porque aunque mis actos sean moralmente, quizás, para los demás, incorrecto, soy consecuente con las consecuencias. Yo no soy quien para reprochar lo que hacen los demás, no soy quien para cuestionar los pensares de la gente ni decirles como deben actuar, ya que cada uno construye su propio camino bajo sus propias leyes. Solo me hace pensar en lo malo que esta el mundo, en lo podrido que está la gente, que está la humanidad. Y, honestamente, me da pena, me desilusiona y me hace perder la fe en las personas, en la gente, no en todas, como en todo siempre hay excepciones, pero lamentablemente hay una gran cantidad dentro del saco. ¿Le da miedo a las personas la soledad? Quizás ese es el tema principal. Quizás les da miedo decir lo que piensan, lo que creen por miedo a quedarse solas, quizás se dejan pisotear una y mil veces por alguien que creen superior, y lo creen superior ¿por qué?. Creo que esas personas pisoteadas y azotadas contra el suelo son mucho más grandes que el dictador, pero son mas cobardes, temen mas y eso los hace amarrarse a ese líder, a ese líder que quizás les da seguridad, pero una seguridad insegura ya que la relación siempre está en un vaivén, en un sube y baja constante, entre odio y amor, entre insultos y palabras amables, quizás las confunden, quizás solo están cegadas o no. La verdad es que no creo que estén cegadas, se hacen las ciegas, se crean a sí mismas como victimas un segundo y luego son la mano derecha del tirano. Quizás esto me molesta tanto porque conozco esa situación desde primera persona y no de tercera, es porque conozco esa inseguridad de no saber valérselas por si mismo pero, creo, eso es natural cuando uno está creciendo, cuando uno aun no está del todo formado, cuando nuestros pensares aun son colectivos, no cuando el pensar es individual. Tal vez deba acostumbrarme a ver situaciones iguales, a peleas absurdas que destruyen un trocito de alma, pero que la parchan para no quedarse solas, ni siquiera la parchan, la olvidan para no crearle problemas a su “superior”. Es tan extraño y alucinante, el comportamiento humano. Existe una inconsecuencia tan grande como el cielo en cada uno de los seres humanos. Por eso, “y en esto soy irreductible, no les perdono bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar pierden el tiempo conmigo.”
sábado, 12 de diciembre de 2009
Y no todo está perdido y nada tambien.
Por extraño encantamiento del viento, por los ojos se colaron recuerdos que volvieron secos. Nacieron opacos, oscuros del cemento que golpearon el recuerdo. Quisieron quedarse mostrando esos ojos muertos, envueltos en niebla, sumergidos en polvo, cocidos a nada, despellejándose de adentro.
La inconsciencia trabaja a la par con el tiempo, pausándolo lento, rápido, lento. Volvieron secretos viejos, tapados de excremento, resecos de silencio. Y entonces mueres consiente, respirando inerte, pestañando en sueños. Y la imagen se hace nítida proyectándose en la piel dormida, reseca de sentimientos. En un segundo eterno, inmerso en su inmensidad quisieron arrancarse del cerebro pero arrastrados por el pensar. Volaron los sentires y se quedó el corazón neutro, primando la razón en el silencio. Y retomo los malestares siniestros, convertidos en cemento que pesaron el pensar y fatigaron la realidad que se volvió de ayer y de hoy, de ahora, hoy. Y el viento se volvió helado y te refugiaste en ese pensar cálido, el de ayer también. Y te cegaste, la verdad es que te cegaste para no perder, para no caer. Y al volver de nuevo, decides ceder, un poco, pero ceder. Y esas palabras, escritas, para regalo, se azotaron contra tu cabeza, contra tus recuerdos, pensando en cuando tomabas el lápiz y lo dejaste posar sobre el papel blanco, cuando lo doblaste con paciencia para que quedara perfecto y lo guardaste bien adentro para que no se arrugara en silencio. Recordaste también, tu presencia con la suya, sentados disfrutando del cielo cuando decidiste recoger ese papel doblado, un poco arrugado y lo posaste en sus manos para regalarle esas palabras que creíste eternas, en antaño. Y el cielo que tornaba de negro, rojo, lila y celeste, para después ser gris y luego brillar radiante ante tu piel, fue cambiando tu pensar y tus ojos cansados, que reposaron una y mil veces contra el pasto, que crecía con tu piel gastada por los años. Y recordaste y sentiste y pensaste y sentiste y pensaste y sentiste nuevamente como si el tiempo hubiese sido un aire, como si hubiese sido un viento, como si no hubiese sido o como si hubiese sido todo. Pero el cielo es inmenso y la mitad de lo que digo no tiene sentido y la mitad de lo que siento si lo tiene. Fue entonces cuando el agua limpió los ojos dormidos para mostrarte con mayor claridad que el sol se había escondido para dejar de molestarte y dejarte sonreír en sueños y mostrarte que no todo está perdido. Y no todo está perdido y nada también.
La inconsciencia trabaja a la par con el tiempo, pausándolo lento, rápido, lento. Volvieron secretos viejos, tapados de excremento, resecos de silencio. Y entonces mueres consiente, respirando inerte, pestañando en sueños. Y la imagen se hace nítida proyectándose en la piel dormida, reseca de sentimientos. En un segundo eterno, inmerso en su inmensidad quisieron arrancarse del cerebro pero arrastrados por el pensar. Volaron los sentires y se quedó el corazón neutro, primando la razón en el silencio. Y retomo los malestares siniestros, convertidos en cemento que pesaron el pensar y fatigaron la realidad que se volvió de ayer y de hoy, de ahora, hoy. Y el viento se volvió helado y te refugiaste en ese pensar cálido, el de ayer también. Y te cegaste, la verdad es que te cegaste para no perder, para no caer. Y al volver de nuevo, decides ceder, un poco, pero ceder. Y esas palabras, escritas, para regalo, se azotaron contra tu cabeza, contra tus recuerdos, pensando en cuando tomabas el lápiz y lo dejaste posar sobre el papel blanco, cuando lo doblaste con paciencia para que quedara perfecto y lo guardaste bien adentro para que no se arrugara en silencio. Recordaste también, tu presencia con la suya, sentados disfrutando del cielo cuando decidiste recoger ese papel doblado, un poco arrugado y lo posaste en sus manos para regalarle esas palabras que creíste eternas, en antaño. Y el cielo que tornaba de negro, rojo, lila y celeste, para después ser gris y luego brillar radiante ante tu piel, fue cambiando tu pensar y tus ojos cansados, que reposaron una y mil veces contra el pasto, que crecía con tu piel gastada por los años. Y recordaste y sentiste y pensaste y sentiste y pensaste y sentiste nuevamente como si el tiempo hubiese sido un aire, como si hubiese sido un viento, como si no hubiese sido o como si hubiese sido todo. Pero el cielo es inmenso y la mitad de lo que digo no tiene sentido y la mitad de lo que siento si lo tiene. Fue entonces cuando el agua limpió los ojos dormidos para mostrarte con mayor claridad que el sol se había escondido para dejar de molestarte y dejarte sonreír en sueños y mostrarte que no todo está perdido. Y no todo está perdido y nada también.
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